Los latinoamericanos tenemos muy metido el chip de lo que “debemos ser”. Para mí, eso es una de las cosas que más nos frena. No podemos ser tan chingones como podríamos por ese pinche afán de andar complaciendo a todo mundo y cumpliendo lo que los demás esperan de nosotros.

El estar haciendo caso al “deber ser” es como un tope de esos gigantes que nos van deteniendo y no nos dejan agarrar velocidad en nuestro camino. Así nosotros en la vida: sin avanzar. Nos frena el miedo irracional al “qué dirán” y con tal de evitarnos broncas, mejor vamos con la cabeza abajo sin hacer ruido. Preferimos ser uno más del montón y hasta nos autocensuramos; nos quedamos por siempre en el clóset, ocultando nuestro verdadero Yo. Vamos directito a los topes en vez de animarnos a se nosotros mismos porque eso implica un esfuerzo mayor.

Quítale el “deber ser” y quédate con el “ser”

Ese pensamiento mediocre de seguir ocultando tu verdadera esencia porque así te evitas problemas con quien no esté de acuerdo contigo, te llenará de topes el camino. Al “deber ser”, mejor quítale el “deber” y quédate con el ser, con quien realmente eres. Hasta se escucha mejor; menos forzado. El chiste es que seas tú, que vivas en armonía con tu autenticidad. Qué puta hueva vivir bajo la sombra de lo que otros no aceptan, sin abrazar la tuya ni hacer brillar tu luz. ¡Ten los huevos de ser tú mismo!

No sé si te has puesto a pensar en esto que te voy a decir: entre los billones de personas que hay en el mundo, no hay absolutamente nadie igual a ti. Ni un solo cabrón en todo el planeta es como tú. Ni siquiera entre gemelos son iguales. Cada quien tiene su propia magia. Eso te hace muy chingón.

De hecho, ser diferentes nos hace más chingones. A nivel personal y a nivel social también. Está comprobado que cuando en sociedad hay diversidad y se respeta, todo fluye. Si las personas son felices en su propia piel, viven de manera auténtica sin temor a expresar su verdadera esencia y además están en un entorno donde se fomenta la diversidad, la sociedad se desenvuelve mejor. A mayor diversidad, mayor inclusión y empatía. Entre más diversos seamos entre nosotros, iremos ganándole la batalla a la discriminación. Y cuando nos aceptamos entre todos, nos sentimos motivados a dar lo mejor de nosotros a beneficio propio pero también de nuestra comunidad. Si quieres más información sobre cómo las sociedades multidiversas han triunfado, da click aquí (es un estudio hecho en otros países, está en inglés pero muy interesante).

El pedo es que nuestra sociedad latinoamericana, mocha y de mente cuadrada, nos ha hecho creer siempre lo contrario. Ahí andamos de mojigatos dándole vuelo a la hilacha por abajo del agua, con la doble moral a todo lo que da, pero abogando por los valores tradicionales. Reprimimos lo que somos “porque qué oso lo que vayan a pensar de uno”.

¿Cómo puedo ser yo mismo?

Digamos que ya te cayó el veinte; que ya estás hasta la madre de tanta posadera y tanta falsedad, y decidiste empezar a ser tú mismo. La pregunta del millón “¿cómo le hago?”.

Tal vez sientes que se te cierra el mundo. Llevas toda tu vida siendo esa versión tuya y de pronto hacer borrón y cuenta nueva está muy cabrón. Lo entiendo: suena imposible, implica muchísimo trabajo personal. Pero no se trata de reinventarte, sino de dejar de hacer las cosas que caen en el “deber”, para dedicarte sólo a lo relacionado con el “ser”. La tienes más fácil de lo que pensabas: no necesitas crear un montón de nuevos hábitos o darle vueltas y vueltas a cuál será tu nuevo Yo.

Enfócate en qué dejar de hacer para que ni tu energía ni tu tiempo se consuman en pendejadas que solamente te frenan en la vida. Deja de andar poniéndote en segundo término por estar “arreglándole” la vida a los demás. Observa lo que vales y las cosas chingonas que hay en ti, y manda mucho a la chingada lo que no te ayude a ser tu mejor versión.

Elígete a ti; sé más egoísta. Primero estás tú. La gente va y viene, pero tú eres la única constante en tu vida. Corta de una vez por todas esas amistades que no son verdaderas; tú sabes quiénes son. No importa si son amigos desde chiquitos o desde hace poco: si no aportan energía positiva a tu presente, no los incluyas en tu película del futuro. No hagas planes sólo por compromiso, cancélalos cuando no tengas ganas de ir. No tiene nada de malo quedarse en casa viendo series en vez de ir de antro a huevo, sin ganas de estar ahí, a gastar un chingo de dinero en alcohol y fiesta. Te la pasas mejor cuando haces lo que te hace sentir bien, así que deja de hacer lo contrario.

Ya basta de disculparte por todo, en especial por tus opiniones o tu forma de pensar. Eres totalmente libre de pensar como quieras y de tener tus propia voz. Nadie tiene el derecho de reprimirte. Si no lastimas a nadie, no tienes por qué ofrecer disculpas por cualquier cosa.

Aduéñate de tu realidad. Quiérete como eres. No busques “quién ser”, no trates de seguir modelos inspiracionales.

La respuesta está en ti: sé tú, como sólo tú sabes.